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Así lo asegura el periodista y Master of Wine inglés, uno de los más reconocidos de la industria, quien habló en exclusiva con Vinos y Buen Vivir. Su visión sobre el consumidor, los nuevos terruños y la calidad de los exponentes nacionales.

Hablar con uno de los paladares que más prueba alrededor del globo siempre es un interesante aire de actualización que nutre no sólo a especialistas, sino también a los consumidores cada vez más interesados en el vino argentino.

Esta semana, Tim Atkin ha estado en el país probando y testeando mucho, y en esta reciente visita ha rescatado la imagen de la Argentina y sus terruños a la hora de elaborar vinos.

Sus recomendaciones y puntuaciones son de suma importancia para las bodegas que los reciben, ya que participa como jurado en competiciones reconocidas internacionalmente. Se convirtió en Master of Wine en 2001, luego de ganar el Premio Robert Mondavi. También es Caballero del Vino, Chevalier du Tastevin y miembro de la Ordre du Bontemps. Además de sus destacadas columnas sobre vinos en importantes medios de diferentes países, brinda conferencias en asociaciones y eventos corporativos alrededor del mundo.

-¿Qué te sorprendió de esta visita?

-He estado degustando mucho y he visto una mejora de calidad evidente en las muestras probadas.  Es interesante que se están desarrollando nuevas regiones como Barreal, Chapalmalal, Calingasta y Uspallata. Eso me resulta muy gratificante.

-El vino argentino ha mutado. Ha modificado su estilo, reduciendo la presencia de roble, volviéndose más fresco. Bajo ese paraguas, ¿creés que puede competir con los grandes vinos mundiales o seguirá estando en el segmento de mayor competitividad?

-Hay que estar en todos los segmentos.  Hay vinos que tienen gran poder de relación precio calidad y también hay grandes exponentes en un segmento más alto. Los estilos van cambiando, hay muchas bodegas que han logrado salir del mundo del caramelo, del roble y en mi opinión la imagen del país en este sentido va a crecer

-¿Hay una disociación entre los vinos de tendencia y los que elige el consumidor?

-Sí, pero en el último tiempo es una cuestión que ha mejorado. El consumidor ha ido evolucionando y eligiendo vinos menos oxidados, más jóvenes y frescos. En el mundo esto ha avanzado mucho más, debido a qué podemos importar vinos, particularmente en el mercado inglés que tiene menos historia y por el cual los cambios se producen más rápidos.

tim

Tim Atkin.

-Esta nueva generación de consumidores, los llamados Millennials, ¿es un consumidor más infiel a la etiqueta, qué persigue esa generación?

-Habría que preguntarles (risas).  Exactamente no sé, pero creo que buscan vinos con más onda, con etiquetas más divertidas.  No sé si son infieles. Creo que depende del mercado y sin duda beben menos vino y de mejor calidad.

-Sos un comunicador del vino y para esos jóvenes es todo un desafío transmitirles todo lo que hay detrás de la botella. ¿Cómo se llega a esos paladares actuales?

-Es difícil, porque a esa gente les resulta una súper tarea leer. Siempre hay excepciones, pero en general esta siendo así. Es un tema bastante complicado. También para comunicar a esa gente que no tiene mucho tiempo para relajarse y todo lo que implica el vino. Es un gran desafío para la industria.

-¿Cuáles son los conceptos que asociás de nuestro país a la hora de comunicar un vino argentino?

-Carnes, la Cordillera de los Andes, tango, gente simpática, buenas personas, el Papa, fútbol (risas). Hay de todo. Argentina es un país que tiene una imagen bastante fuerte. Además a los argentinos les encanta “hacer ruido”, divertirse, comer, es un país muy intenso.

-¿Qué visión tenés respecto de algunos intentos de concentración del mercado por parte de algunas empresas de la industria vitivinícola?

-Puede ser positivo o negativo. Siempre depende de la intención del grupo dentro de la industria. Por ejemplo, Peñaflor está trabajando muy bien, Molinos lo conozco un poco menos. Siempre es necesario que grandes jugadores movilicen el segmento desde el marketing y la publicidad; y son muy importantes los pequeños productores para la imagen del país. Si está demasiado concentrado es difícil y hay que tener cuidado.

-Algunos referentes del sector sostienen que al Malbec argentino todavía le falta para ser conocido en el mundo ¿Cuál es tu opinión?

-Depende del país, pero sin duda es la variedad más conocida de Argentina. Y los conceptos van de la mano.  Hay que seguir y poder además animarse a promocionar las otras variedades, como Semillón, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Cabernet Franc, Tannat, Tempranillo, los blends.  Las bodegas se han focalizado en Malbec, pero afuera se puede vender todo.

-El Torrontés no se termina de acomodar ¿El Semillón puede ocupar su lugar?

-No creo, porque hay pocas plantaciones.  A mí me gusta mucho el Torrontés, pero es un vino muy aromático y normalmente se debe beber joven.  Hay alguna excepciones, pero son pocos. No podrá ser un gran vino, como puede darse con un Chardonnay o el Semillón que tiene mejor imagen en el mundo, por las zonas en donde se produce.  Sería interesante apostar por esta variedad.