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Lo asegura Francois Lurton, pionero en el Valle de Uco y miembro de una tradicional familia bodeguera oriunda de Burdeos, Francia. Desde su bodega Piedra Negra y otros emprendimientos personales, el enólogo apuesta fuerte a la elaboración de vinos blancos y sostiene que en el mundo se consumen de igual manera que los tintos.

Francois Lurton llegó a Mendoza a comienzo de los años 90, junto a su hermano Jacques, y fueron los primeros en instalarse en la zona alta del Valle de Uco, particularmente en Chacayes, donde instalaron su bodega y comenzaron a elaborar vinos aplicando todos sus conocimientos que traían tanto de Francia, como de otros emprendimientos en otras partes del mundo.

Una de las características principales de Francois Lurton es la apuesta a elaborar vinos blancos, tal es el caso de su proyecto junto a Andrés Blanchard, con quien acaban de ampliar la propuesta de Blanchard & Lurton con dos vinos blancos: Les Fous 2017 y Grand Vin 2016, ambos blends que tienen origen en viñedos plantados hace 20 años en el Valle de Uco.

De manera exclusiva, tras una cena privada de presentación de sus nuevos vinos, Francois Lurton habló junto a Vinos y Buen Vivir.

-¿Definitivamente, Argentina puede producir grandes vinos blancos?

-Sí. Argentina es un país que tiene una diversidad de variedades impresionante y que puede producir muchísimos blancos. Como fue un país influenciado por los inmigrantes italianos, a mí me parece que aquí se debería seguir un poco más la moda italiana de tomar más vinos blancos que tintos. No se consume demasiado blanco y es una pena. Con tantas posibilidades de producir grandes blancos, los argentinos deberían desarrollar y aprovechar la calidad de estos vinos.

-¿Cómo hace el consumidor para identificar un buen vino blanco?

-La particularidad de los blancos es que son muy fáciles de entender. Mucho más fácil que un tinto, donde se necesita entrenar más el paladar y se necesita más entrenamiento para comprender a un gran tinto. Pero los grandes blancos se entienden mucho más fáciles. Lo importante es la acidez, es lo que le otorga la frescura. Un vino refrescante que te saca la sed, con una adecuada acidez es más largo en boca. Además un buen blanco debe ser afrutado.

-En Burdeos pueden conseguirse blancos de cosechas antiguas, en algunos casos más de 50 años, algo que parece irreal en Argentina. ¿Qué tiene que tener un vino blanco para poder guardarlo?

-Un blanco como un tinto puede tener taninos, que están en la piel de la uva. Hay algunas variedades como el Chardonnay o el Tocai Friulano que tienen el potencial de obtener taninos durante la maceración y luego durante la crianza en barricas le da al vino una gran capacidad de envejecer en botella. Además la columna vertebral del vino que le permite envejecer por mucho tiempo es su acidez. Esto le permite resistir a la oxidación y guardar su color, es esencial. Si cosechamos una uva que está demasiado madurada, el vino no va a resistir mucho tiempo. Hay que controlar la acidez desde el origen, desde el viñedo.

-Fuiste uno de los primeros que llegó al Valle de Uco. ¿Qué podes decir en cuanto al potencial que tiene esta zona con los vinos blancos?

-Yo tengo la primera bodega de la zona de Chacayes. Actualmente Piedra Negra ya produce más vinos blancos que tintos, algo que ha resultado naturalmente. Hay verdaderamente un clima y una altitud muy buena para producirlos. En el caso de los Malbec, están todos un poco más ácidos y estructurados, con taninos más amargos que otras zonas; y en el caso de los blancos, es lo mismo. La acidez natural está ahí, hay un subsuelo un tanto calcáreo que responde muy bien, especialmente a los Sauvignon Blanc o al Tocai Friulano. Estamos cerca de la montaña con un microclima que viene del Manzano y que nos ayuda muchísimo con la frescura de las noches. Esto nos permite desarrollar muy buenos blancos.

-¿Qué opinión te merece el Torrontés?

-El Torrontés es una variedad que permite producir grandes volúmenes de un buen vino. Es una variedad muy rentable, pero para obtener un gran vino con mucha elegancia, fineza y complejidad aromática hay que ir por una mezcla de variedades. El Torrontés solo como variedad es un poco simple, mono-aromático, que es  muy interesante pero no va a llegar a una complejidad de aromas ni la fineza y elegancia que esperamos de un gran blanco. Igualmente hay que promocionarlo porque es una variedad única del país.

-¿Hay que mirar con otros ojos a la tapa a rosca que cada vez se usa más, especialmente en los blancos?

-La topa rosca ya existe hace más de 25 años, no se ha promocionado mucho en algunos mercados latinos pero en Inglaterra, por ejemplo, es más importante que el corcho, que hoy representa solamente 35% de la producción total del mercado del vino. Hoy hay muchas alternativas al corcho y la tapa a rosca controla completamente la entrada de oxigeno al vino. Es una ventaja, ya que sabemos exactamente lo que entra en la botella. En un corcho no se sabe que va a pasar en 5 años y la tapa a rosca te va a dar lo que uno quiere obtener.

-Desde Wines of Argentina se está haciendo foco en la promoción de variedades blancas también. ¿Cómo ves el futuro de los vinos blancos argentinos?

-La promoción la veo como una obligación. En el mundo se toma mitad blanco y mitad tinto. Ese es el consumo  mundial. No es normal que Argentina exporte tanto vino tinto y tan poco blanco; pero se va a regular la demanda para estas variedades, tanto en el mercado externo como en el mercado nacional. Francia era un mercado de tintos y se ha abierto mucho a los blancos. La nueva enología de los últimos 20 años nos ha permitido hacer blancos con mas acidez y menos sulfurosos que tienen una digestión mucho mejor. Los consumidores, especialmente las mujeres, se interesan mucho por los blancos. Estoy seguro de que se viene una moda por los vinos blancos en la Argentina.