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La maduración tardía de los vinos y las uvas se reflejan mutuamente en este vintage 2006. Madurez aromática, delicadeza y complejidad son tres términos que definen esta nueva añada.

Cada Dom Pérignon es un verdadero acto de la creación, a partir de sólo las mejores uvas, reinventándose a sí mismo, interpretando el carácter exclusivo de las estaciones. Con el deber de rendir testimonio, Dom Pérignon se comprometió en conseguir la más completa expresión de las diferentes añadas. El 2006 fue un año climáticamente irregular y las viñas crecieron de golpe. Después de la ola de calor de julio, todo se ralentizó bruscamente a causa de un mes de agosto frío y húmedo. Sin duda, este vintage se debe al mes de septiembre.

“Lo que hace del año 2006 tan único fue la tardía y anormal ola de calor, que aseguró una remarcable madurez. El gran riesgo del 2006 fue el no tomarse el tiempo suficiente como para darte la libertad de crear este vintage. Uno solo necesita ser paciente y reflexionar para encontrar el momento ideal para vendimiar. La vendimia, que duró cuatro semanas, fue una de las más largas que se recuerdan” comentó Richard Geoffroy, chef de cave de Dom Pérignon.

Una década prodigiosa

El clima se ha ido tornando gradualmente más cálido desde los 90’s. Hasta la fecha, los beneficios para la Champagne son unánimemente reconocidos: además de cosechas más regulares, se ha visto una mejora en la madurez y en las condiciones del viñedo. De esta serie sin precedentes de cinco añadas seguidas, cuatro han sido recogidas en un estado de intensa madurez. Está situación no ha tenido comparación en los más de trescientos años de cosechas de champagne.

A la hora de hablar de añadas solemnes, se puede destacar la madurez fenólica del 2003 y, en menor medida, la del 2005. Esta madurez está asociada al color y los taninos de la uva, y surge de las excepcionales condiciones climáticas. El champagne está estructurado, físico y a menudo concentrado: la dignidad y amargor de 2003, la “mano de hierro en guante de terciopelo” de 2005.

En cuanto a las añadas más generosas, destaca la aromática madurez del 2002 y del 2006. Los vinos parecían proceder de una naturaleza más clásica, pero se elevaban hasta el paroxismo, como la virtual sobre-maduración de la Chardonnay en 2002, con su sensual, cremoso y sorprendente cuerpo etéreo.

La generosidad del 2006 es superlativa, generosa y gloriosa. El vino es jugoso y suculento. Dom Pérignon 2006 expresa madurez, con un toque moderno que bien podría augurar otras, incluso más únicas, situaciones que están por llegar.

Dom Pérignon 2006

Nariz

Delicadeza. Es la primera impresión que se desprende de su bouquet puro, aéreo y luminoso. Su delicado carácter floral y afrutado se despliega para evolucionar, rápidamente, hacia matices de fruta confitada, heno seco y unas notas tostadas, junto con destellos de regaliz.

Paladar

La opulencia de este vino- contenido, suculento y redondo en su naturaleza- se revela en boca. Su manto se desliza y despliega hasta revelar la complejidad y la osadía de un champagne tan sedoso como cremoso. El conjunto se funde en un exquisito amargor final teñido por el carácter salobre del mar.

Novedades

Dom Pérignon P2-1998

dom-perignon-p2-vintage-1998

PRECIO: $9.480

Además Dom Pérignon presentó La Segunda Plenitud que es el resultado de dieciséis años de elaboración en las bodegas. Dom Pérignon P2-1998 trasciende con insolencia el potencial de la vendimia. Los elementos opuestos y complementarios del ensamblaje resuenan con una intensidad cada vez más pronunciada. La persistencia aromática avanza como una ola que estimula de manera inquietante la naturaleza penetrante del vino.