COMPARTIRShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Seguimos descubriendo juntos la mágica ciudad de Bogotá. En esta ocasión nos concentramos en su gastronomía y recorremos lugares con fotografías inolvidables.

Si bien dicen que Lima es la capital gastronómica de América Latina, todo país tiene sus sabores, aromas, perfumes, texturas, combinaciones, a veces inusuales, a veces deliciosas. Partí a Colombia con la data de que combinaban el queso con el chocolate y cuando estás en modo turista comés a cualquier hora. Después de una larga caminata en La Candelaria me hice merecedora de una buena “bandeja paisa” en el restaurante La puerta de la Catedral para reponer energías.

Se trata de un suculento menú que lleva chorizo antioqueño, aguacate, morcilla, tajadas de plátano maduro o patacón; frijoles cargamento o pintos, arroz, huevo frito, carne de res en polvo, sudada o asada; chicharrón que es la fritura de la piel del cerdo con un poco de carne; arepa y mucho más. También es menú para dos o tres.

Bandeja Paisa 1

Bandeja Paisa.

La Puerta Falsa: Chocolate con queso y ajiaco

Otra opción es ingresar a La Puerta Falsa un minúsculo restó, pintoresco y el más antiguo de Colombia, data de 1816. La carta propone el rey de los platos típicos bogotanos: el ajiaco. Potente, bien potente. Si no sos de comer mucho y vas en pareja podés pedirlo para dos. Relata la historia que es un plato creado por el pueblo nativo chibcha quienes se alimentaban a base de mazamorra de maíz y papas con ají. Con la colonización española, le agregaron pollo y la crema de leche como se prepara en el presente.

Te queda aún mucho por recorrer en La Candelaria. El Museo del Oro es enorme y los domingos es gratis por lo cual te aconsejo llegar este día. También podés visitar la Catedral, Plaza Bolívar, el Palacio de Justicia, la Casa del Florero, el Museo de Trajes Regionales o perderte entre calles, historias, personajes. Ése es el turismo que me hace sentir viva.

Ajiaco en La Puerta Falsa (1)

Ajiaco

Usaquén, Zona T y Parque de la 93

Por las noches, la opción gastronómica recae en los bares y restó del Barrio Usaquén, Zona Rosa y Zona T o bien la cocina internacional alrededor del Parque de la 93. Si bien un clásico es Andrés Carne de Res, mi recomendación va para Bogotá Beer Company y que te despachen un par de Jirafas. Después me contás.

Jirafa en Bogotá Beer Company.

Jirafa en Bogotá Beer Company.

Laguna de Guatavita y la Leyenda del dorado

Para el “keep calm” hay que salir de Bogotá y recorrer unos cuarenta kilómetros rumbo a diversos sitios. Los paisajes de Bogotá no tienen mucho que envidiarle a la campiña austríaca debo confesar. Al menos, ésa es mi visión. Ropa deportiva y a emprender la marcha hasta este sitio histórico en medio de la sabana colombiana.

Laguna del Cacique Guatavita (14)

Laguna del Cacique Guatavita.

Si elegís la excursión a la Laguna de Guatavita el costo del ingreso es de 18 mil COP y el paseo dura unas dos horas. Tuve una excelente guía. Con la calma y la pasión colombiana. Allí comenzarás conociendo el sentido de las construcciones circulares para los Muiscas. Siguiendo el sendero, verás la planta de burundanga y sus dos facetas: la medicinal y la adictiva.

Finalmente, llegarás al punto central: la Laguna de Guatavita y la leyenda del dorado. Entre paso y paso comprenderás la sabiduría de los pueblos originarios, te preguntarás qué pasó en el camino que perdimos tantos conocimientos y, posiblemente, encuentres respuestas cuando te expliquen el origen de la leyenda del Dorado. Entre el oro, los caciques y los españoles se desarrolla toda la trama de la historia. Pero te la dejo picando así visitás ese paisaje en medio de la sabana colombiana.

Zipaquirá, Boyacá, Villa de Leyva Nemocón

Para los siguientes días el recorrido puede partir hacia: Zipaquirá y la Catedral de Sal; Boyacá y Villa de Leyva y culminar de conocer el Departamento de Cundinamarca en Nemocón, justo donde se filmó una parte de la película “Los 33” que relata la historia de los mineros que quedaron 69 días atrapados a más de 170 metros de profundidad en una mina en Chile.
Pero no he llegado al final de mi viaje. Falta aún mucho por relatarte.