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Lo afirma uno de los referentes del vino argentino. Hoy al frente de su proyecto personal, Casa Vigil y enólogo principal de Catena Zapata, cuenta su visión sobre algunas cuestiones puntuales que hoy se pregunta la industria.

Por allí y por allá se dice, que si querés conocer lo mejor de una persona es conocer su casa. Porque allí palpas la verdaderas sensaciones y emociones que vive. Y en Casa Vigil se conoce a Alejandro. Con sus verdaderas pasiones y expresiones que comparte con quien lo visita.

Nosotros llegamos hasta Chachingo (un pequeño poblado del departamento de Maipú), que el mismo Alejandro intenta transformar en una República. Y de a poco lo va logrando. Y cuando nos abre la puerta de su casa, lo confortable nos invita a charlar de temas varios con una de las máximas figuras que tiene el vino en la Argentina.

¿Qué es hoy Casa Vigil?

Casa Vigil es un proyecto familiar y es una idea que hemos ido concretando de a poco. Ahora ya tenemos un equipo de cocina formado, con nuevas incorporaciones y gente que se va a capacitar al exterior y nos sentimos muy cómodos con nuestra gastronomía, que tiene que ver mucho con el producto, con nuestra huerta, con nuestros animales, con lo de la casa más que con lo gourmet.

Junto a su familia lleva adelante su proyecto Casa Vigil.

Presentaste algunos vinos (en la línea Gran Enemigo) vinculados al terroir ¿Crees que por ese estilo va el perfil del vino argentino?

No. Creo que el perfil del vino argentino va por el Malbec. Y hay que seguir trabajando en la cepa. Lo que presenté fueron dos vinos que representan por medio un viñedo distintas zonas. La vitivinicultura argentina tiene que seguir apostando al Malbec y ahora viene una etapa de identidad. Hace muchos años, yo decía que había que ponerle apellido al Malbec. Por ejemplo, decir Malbec de Altamira. Ahora viene la parte más complicada que es sacarle el nombre y dejarle el apellido.

Hace algunos años, el estilo de vinos en nuestro país estuvo marcado por mucha presencia de madera, concentrados, sobreextraídos. Hoy, la frescura parece predominar, donde la madera es casi mala palabra ¿Cúal es el camino?

Cada vino necesita de una situación distinta. Todas las reglas que vayan a lo absoluto carecen de sentido común. Cada zona te da un tipo de vino y necesita para expresarse de una situación distinta. Me preocupa muchísimo que nos movamos como péndulo. Siempre que hablamos de una tendencia, tenemos que saber que tiene que haber una diversidad que al que se encuentre con Malbec encuentre algo que le guste. Si todos nos movemos de un lado hacia otro, siempre va a haber gente que dejamos afuera. Lo importante es entender que un Malbec de Lunlunta va a tener alto alcohol, que uno de El Cepillo va a tener bajo alcohol, y a partir de ahí trabajar. Es una cuestión fácil, de sentido común, pero parece que no lo entendemos. No hay que ir detrás de una moda, sino detrás de un lugar.

¿Argentina tendría que producir más vinos blancos?

Somos productores de vinos blancos por excelencia, sobre todo en el Norte con el Torrontés. Lo que sí tenemos que enfocarnos más y entender que tenemos muchas posibilidades climáticas y varietales para hacer grandes vinos blancos. Yo dedico gran parte de mi tiempo a los vinos blancos, me parece que es una gran apuesta. Aparte, por lo que hablábamos de las tendencias. En un momento, vamos a cambiar al vino blanco (ya pasó en los 80) y tenemos que estar preparados con calidad. Porque los consumidores no buscan el volumen, sino lo cualitativo.

En conjunto a Laura y Nicolás Catena, elabora uno de los vinos más exitosos del país.

¿Te preocupa la baja en el consumo?

Si. Tiene que haber una reestructuración de la industria. No nos podemos quedar con eso que la gente que toma, ahora busca calidad y por eso el volumen baja. Tenemos que acercar más gente al vino. Tiene que ser más fácil. Hay que romper toda esa barrera tan pulcra y tan difícil de entender que hemos creado, desde la piedra y la tiza. Es simple: entre diez copas, vas a elegir una que te gusta y ahí se acaba todo. Es así de fácil.