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Tras lograr el 2° lugar en el Mundial de Sommeliers, el francés a cargo de la cava del hotel Mandarín Oriental en Paris, se mostró sorprendido por la búsqueda de identidad del vino argentino.

Luego de llegar a la gran final del Mundial de Sommeliers Mendoza 2016 y obtener el segundo puesto, David Biraud se quedó unos días más en Mendoza, para profundizar sus conocimientos sobre el vino argentino y recorrer algunos terruños junto a su esposa y dos hijas.

Biraud ya tiene varios reconocimientos en su haber. Fue consagrado Mejor Sommelier de Francia en  2002 y  Mejor profesional Sommelier de France en 2004. Actualmente trabaja junto al reconocido chef Thierry Marx, en el prestigioso cinco estrellas del mencionado hotel parisino.

Vinos y Buen Vivir compartió un exclusivo almuerzo organizado por Bodega Atamisque, en el corazón de la finca ubicada en Tupungato, en el Valle de Uco.

– ¿Cuál es su balance, luego de competir en el Mundial de Sommeliers realizado recientemente en Mendoza?

– Lo primero que quiero destacar es la extraordinaria experiencia de haber podido tomar contacto con el pueblo argentino. Esto para mí ha sido un gran crecimiento humano; y por otro lado, aprender que para ser campeón del mundo en un concurso como este, se requiere una concentración y precisión muy grande, que a mí me ha impresionado y me exige ponerme muy preciso en estas instancias.

– ¿Qué es lo que más te sorprendió del vino argentino?

– Lo que más me ha sorprendido de Argentina es el afán por la búsqueda de encontrar y desarrollar los terroirs; buscar la identidad de las regiones, y partir de ahí, cada parcela. El interés que hay en este momento por explorar el terruño, es muy importante, a diferencia de lo que se hacía antes donde el desarrollo era más general.

– ¿El mundo de la sommellerie internacional se interesa por el desarrollo de esta región, tanto de Argentina como también Chile o Uruguay?

– Hoy existe un interés muy grande por América del Sur en general, que es un actor importante en el mundo del vino. En París particularmente, hay una atracción especial por conocer los vinos de Argentina y Chile, como también por descubrir y entender lo que se hace en esta región.

– ¿Qué te llevas de tu paso por Mendoza, para luego transmitir a tu público en Europa?

– Me ha sorprendido la voluntad, el dinamismo y el gran amor de los actores del vino en Argentina, fundamentalmente estas tres cosas que le han permitido avanzar a la industria de manera muy rápida.

– El desarrollo de la sommellerie en Europa es muy grande respecto a lo que pasá por acá. ¿Qué que le falta a este sector en Argentina para alcanzar estándares internacionales?

– En Francia por un lado tenemos el rigor de Europa del Norte, y por otro lado la influencia latina en el Sur. Esto nos permite tener tanto la creatividad como el rigor de ambas culturas, que es lo que requiere esta profesión. En Argentina, tienen la parte latina, la llevan en la sangre, pero les falta un poco de rigor. Pero por otro lado, veo aspectos muy positivos como la cristalería que se usa en los restaurantes, y la preocupación por servir el vino en una copa correcta. En Francia esto no existe. Veo que hay un interés de la sommellerie por dar buenos pasos y avanzar; solo me parece que falta un poco más de rigor.

¿Además del Malbec, le ha sorprendido alguna otra variedad del vino argentino?

– Al Malbec, a pesar del desarrollo que ha tenido, le falta mucho por hacer. La búsqueda de nuevas regiones y el desarrollo en las zonas frías, por ejemplo. Recién están comenzando a descubrir todo el potencial que tiene esta variedad, que todavía tiene un gran futuro. Por otro lado, el Cabernet Franc es la otra cepa que tiene un gran futuro en Argentina.